lunes, 15 de noviembre de 2010

A veces el amigo que no esperabas


Nunca he ido a trabajar con la idea de “hacer amigos”. Nunca, cuando he empezado una nueva aventura laboral, lo he hecho planteándome cuánta gente conoceré y quienes de ellos pasarán a engrosar mi lista de amigos. Obviamente, todos preferimos ser bien recibidos y encontrarnos con un buen ambiente laboral, sería tontería decir lo contrario, pero de ahí a tener como objetivo compartir cervezas y confidencias, hay un trecho.

No obstante, en casi todas las empresas que he estado, he tenido la suerte de poder incluir algún teléfono en ese grupo.

La gente que se ha cruzado conmigo en mi vida laboral, yo siempre la he dividido en cuatro grupos (bueno, en general la gente que se ha cruzado en mi vida se puede dividir prácticamente en los mismos grupos, pero aquí nos centramos en el terreno laboral):
A/ Esos compañeros con los que tienes afinidad, complicidad y poco a poco se van convirtiendo en amigos, con los que terminas compartiendo más que las horas de trabajo y la relación traspasa esas paredes. Muchas veces, cuando se termina la relación laboral, se sigue manteniendo la relación personal.
B/ Los compañeros con los que también tienes bastante afinidad y te llevas bien, os echáis unas risas y compartís más de una cerveza juntos. No se llega a traspasar esa barrera que sí se consigue con el grupo anterior, y generalmente cuando se termina la relación profesional, se acaba del mismo modo la relación personal.
C/ Los compañeros que son simplemente compañeros. Ni te llevas bien ni mal con ellos. Quizás la relación profesional no sea tan estrecha como para que derive en una gran relación personal. Simplemente “vive y deja vivir”
D/ Aquel compañero con el que no cuadras en absoluto y que trabajar con él se vuelve un auténtico suplicio. Ni que decir tiene que dejar de trabajar con él supone un alivio.

Pero hoy me quiero centrar en el grupo ‘B’, esos compañeros que mientras dura la relación laboral también se pueden considerar “coleguitas”, y que una vez terminada, de vez en cuando te acuerdas de ellos con una sonrisa en los labios, no sólo porque eran buenos profesionales, si no también porque lo pasasteis bien juntos, porque resultaba muy gratificante trabajar con una persona así cerca y porque estás convencido que, aunque no se vuelvan a cruzar en tu camino, algo bueno te aportaron y esperas que fuera recíproco.

Sin embargo, a veces la vida te reserva gratas sorpresas. Sobre todo hoy en día, en el que las redes sociales han abierto nuevas posibilidades a las relaciones personales (y laborales). Resulta que puedes volver a reencontrarte con esas personas, con esos “colegas”. A veces dudas si se acordarán de ti, después del tiempo pasado. Y resulta que sí, que quizás tan mal no lo hiciste. Curiosamente, nunca fuisteis amigos del alma, y en este reencuentro tampoco, pero no dudan en retomar un contacto, quizás superficial inicialmente, y es posible que el reencuentro personal no llegue a producirse y todo se quede en algo “virtual”, pero son capaces de sorprenderte en el momento en que necesitas una ayuda, quizás grande, quizás pequeña, pero que para ti es importante. Esa persona que en un momento pasó por tu vida y que pensaste que ahí quedaba, te ofrece su ayuda, su conocimiento y su “voz” cuando lo necesitas para afrontar un nuevo reto.

Si te has dado por aludido, sólo me queda darte las gracias.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero poder encontrarme pronto en la lista 1... Me ha gustado mucho el blog. Suerte!!
Marta

Secretaria Global dijo...

Por supuesto Marta, ya lo estás!!!!
Muchas gracias!!!